HACEDOR DE MARAVILLAS

​El Salmo 86 es una oración de David, una súplica llena de confianza en la bondad y el poder de Dios, a pesar de las dificultades y la oposición. El versículo 10 es un punto culminante de esta oración, donde David deja de lado sus problemas por un momento para alabar a Dios por lo que Él es.

Salmo 86:10 (RVR60): “Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas; Sólo tú eres Dios.”

​La Grandeza de Dios

​La declaración de David no es una simple afirmación, es el ancla de su fe. En medio de su angustia y necesidad, él levanta su mirada de sus propios problemas para enfocarse en la majestad de Dios. La palabra “grande” en hebreo, gadol, no solo se refiere al tamaño, sino también a la importancia, la influencia y la autoridad. David reconoce que Dios es infinitamente grande en todos los sentidos: en poder, en amor, en sabiduría y en fidelidad.

Para nuestra reflexión: ¿En qué situaciones de nuestra vida nos sentimos abrumados por los problemas? ¿Estamos dispuestos a elevar nuestra mirada más allá de nuestra situación y contemplar la grandeza de Dios? Reconocer su grandeza es el primer paso para encontrar paz y perspectiva en medio del caos.

​El Hacedor de Maravillas

​David no solo dice que Dios es grande, sino que también lo describe como “hacedor de maravillas”. La palabra para “maravillas” (pala’) se refiere a actos extraordinarios y sobrenaturales que solo Dios puede realizar. Son obras que van más allá de la comprensión humana y demuestran su poder ilimitado. David había experimentado estas maravillas en su propia vida, desde su victoria sobre Goliat hasta su liberación de las manos de Saúl.

Para nuestra reflexión: Las “maravillas” de Dios no son solo milagros espectaculares. Son también las pequeñas intervenciones diarias, las respuestas a oraciones que parecíamos imposibles, la sanidad de una enfermedad, el consuelo en la tristeza. ¿Somos conscientes de las maravillas que Dios ha hecho en nuestra vida? Agradecer por ellas fortalece nuestra fe y nos recuerda que el mismo Dios que obró en el pasado sigue obrando hoy.

​El Único Dios

​El clímax del versículo es la afirmación: “Sólo tú eres Dios.” David, rodeado de naciones que adoraban a dioses paganos, declara de manera enfática la singularidad y exclusividad del Dios de Israel. Él no es uno entre muchos, sino el único Dios verdadero. Esto no es solo una declaración teológica, sino una afirmación personal de lealtad. David está diciendo: “Mi corazón y mi confianza están puestos solamente en Ti, porque no hay otro ser digno de mi adoración y mi fe.”

Para nuestra reflexión: En un mundo lleno de “dioses” modernos (el éxito, el dinero, el poder, la fama, la tecnología), es fácil caer en la trampa de dividir nuestra lealtad. ¿Hay algo en nuestra vida que ocupe el lugar que solo le corresponde a Dios? Esta declaración de David nos desafía a reevaluar nuestras prioridades y a reafirmar nuestra fe en el único Dios que puede salvarnos, sustentarnos y darnos esperanza.

En resumen: El Salmo 86:10 nos invita a una oración que trasciende la simple petición. Nos llama a una adoración profunda y sincera, anclada en la verdad de quién es Dios: grande, poderoso y único. Es un recordatorio de que, sin importar cuán grandes sean nuestros desafíos, la grandeza de nuestro Dios es infinitamente mayor.

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