No permitamos que nuestro corazón se seque. Cuando se seca se endurece y pierde la sensibilidad a la voz de Dios.
Un corazón seco se manifiesta en una vida sin sabor. Sin motivaciones para vivir. Nos cuesta creer. Nos victimizamos. No podemos ver. Es mucho más que un corazón seco.
Busquemos las aguas de Dios. Él nos da un corazón nuevo.
Dios convierte en manantial de aguas nuestros desiertos.
Si tu corazón se secó vuelve a Dios.
Ezequiel 36:
26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne


