ZAQUEO ¿CÓMO SERÍA SU TESTIMONIO?
Si Zaqueo decidiera sentarse a escribir sus memorias sobre aquel día en Jericó, probablemente su relato no empezaría con el árbol, sino con el vacío que sentía a pesar de tener los bolsillos llenos.
Creo su testimonio de conversiòn , serìa algo asì:
Mi nombre es Zaqueo: El día que dejé de ser “pequeño”
“Sé lo que decían de mí. Para los romanos, yo era una herramienta útil; para mi propio pueblo, era un traidor, un parásito que se enriquecía con su sudor. Tenía todo el oro que un hombre puede desear, pero vivía en una celda construida con monedas de plata.
Ese día, algo en el aire de Jericó era distinto. Había oído hablar de ese maestro, Jesús. Decían que comía con pecadores… con gente como yo. Por primera vez en años, sentí una curiosidad que no podía comprar.
Cuando salí a la calle, la multitud era un muro de desprecio. Nadie me abriría paso; al contrario, aprovechaban para darme algún empujón oculto. Mi estatura siempre fue mi complejo, pero ese día fue mi bendición. Corrí como un niño —olvidando mi dignidad de funcionario— y me trepé a un sicómoro.
Desde las ramas, solo quería verlo. Pero lo que no esperaba era que Él me viera a mí.
Cuando se detuvo justo debajo y levantó la vista, no vi juicio. No vi el asco que veía en mis vecinos. Jesús me llamó por mi nombre. ¿Cómo sabía mi nombre?
“Zaqueo, baja pronto, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa.”
En ese momento, el peso de cada moneda mal ganada me quemó el pecho. Él no me pidió que me arrepintiera primero para visitarme; Él me ofreció su amistad y eso fue lo que me hizo querer cambiar.
Esa cena no fue de negocios, fue de liberación. Mientras los de afuera murmuraban, yo sentía que mi corazón se ensanchaba. Por eso me puse de pie y lo dije en voz alta: la mitad de mis bienes para los pobres, y si a alguien robé, se lo devuelvo cuatro veces.
Muchos pensaron que ese día me volví más pobre. No entienden nada. Ese día, al bajar de aquel árbol y abrir la puerta de mi casa a Jesús, por fin fui el hombre más rico del mundo.”Dios te bendiga!
Para entender por qué el odio hacia Zaqueo hay que mirar más allá de la religión.
Funcionaba asì:
Roma no recolectaba los impuestos directamente. En su lugar, subastaba el derecho a recaudar en una región al mejor postor.
El negocio: El recaudador pagaba una suma fija a Roma por adelantado.
La estafa: Todo lo que lograra cobrar por encima de esa suma era su ganancia personal.
Consecuencia: Esto incentivaba la extorsión y el abuso. Zaqueo no solo cobraba lo justo; inflaba las cifras para hacerse rico, usando el miedo y la fuerza de los soldados romanos para respaldar sus cobros.
Para los judíos, pagar impuestos a un emperador pagano que se hacía llamar “hijo de Dios” era casi un acto de idolatría.
Zaqueo era un judío trabajando para el opresor (Roma).
Era visto como un colaboracionista. A ojos de sus vecinos, estaba financiando el ejército que los mantenía esclavizados con el dinero de sus propios hermanos.
Debido a que los recaudadores estaban en contacto constante con gentiles (romanos) y manejaban monedas paganas, eran considerados ritualmente impuros.
No podían testificar en juicios porque se consideraba que su palabra no valía nada.
Eran expulsados de la sinagoga.
Eran clasificados en el mismo grupo que los asesinos y los ladrones.
Cuando Jesús dice: “Hoy es necesario que me hospede en tu casa”, está rompiendo todas las reglas sociales:
Entra en la casa de un “impuro”: Para la ley de la época, Jesús se “manchaba” al tocar su mesa.
Le devuelve la dignidad: Al llamarlo “hijo de Abraham”, Jesús le dice al pueblo que, a pesar de sus errores, Zaqueo sigue perteneciendo a la familia de Dios.
Jericó era una ciudad estratégica y rica, famosa por su producción de bálsamo. Zaqueo, al ser “jefe de recaudadores”, probablemente era uno de los hombres más poderosos y odiados de toda la región.


