SANANDO EL PASADO
Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová;
porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se
acuerda. Jeremìas 30.17
Este versículo es un regalo directo del corazón de Dios para aquellos
que se sienten olvidados y rotos. Es una promesa de sanidad que va de
la mano con una profunda comprensión de nuestro dolor. Dios no solo
ve la herida; Él también ve la causa de la herida: las palabras que nos
han dañado, los momentos en que nos han hecho sentir insignificantes
o desechados.
La promesa de Jeremías fue dada a Sion, el pueblo de Dios, en un
momento de gran sufrimiento y humillación. A Sion la habían llamado
“desechada”, un lugar del que nadie se acuerda. Quizás tú también te
has sentido así. Tal vez en tu trabajo, en una relación o en tu propia
familia, has sentido el dolor del rechazo o la indiferencia. Las palabras
“inútil”, “insignificante” o “no te necesito” pueden dejar heridas que no se
ven, pero que sangran en lo más profundo de nuestra alma.
Pero la voz de Dios se eleva por encima de todas esas palabras
hirientes. Él dice: “Yo haré venir sanidad para ti.” Esta es una declaración
poderosa. Dios no espera que te cures por tu propia cuenta. Él no te deja
solo con tu dolor. Él mismo es el sanador. Él es el que se acerca, toma
tus heridas más profundas y las cura. La sanidad que Él ofrece es para
el alma, para el corazón que se siente roto y para la mente que no puede
olvidar el dolor del pasado.Dios es especìfico para hablar y hoy te habla
a vos, dice: “yo harè venir sanidad para tì”. es una sanidad direccionada
a tu vida. ¿Lo puedes creer?
A menudo creemos a medias, porque el rechazo sufrido nos habla, pero
la voz de Dios quita todo rechazo de nuestra alma.
La sanidad de Dios es un acto de amor que borra la mentira del rechazo.
Cuando los demás te llamaron “desechado”, Dios te dice: “Yo me
acuerdo de ti. Te valoro. Te amo”. Su voz de verdad es mucho más fuerte
que cualquier palabra de rechazo que hayas escuchado.
“Porque Jehová no desamparará a su pueblo, ni desamparará
su heredad.” .Salmos 94:14
El rechazo es una de las heridas más profundas del alma humana. De
niños, podemos sentir el dolor de no ser elegidos para un juego. De
adultos, podemos enfrentar el rechazo en el trabajo, en una relación o
incluso en nuestra propia familia. Estas experiencias nos llevan a la
dolorosa creencia de que no somos lo suficientemente buenos, dignos o
amables.
Sin embargo, en el corazón del mensaje bíblico, encontramos una
verdad radicalmente opuesta: Dios no te rechaza.
A diferencia de las personas, Dios no tiene un “listado de requisitos” para
su amor. Él no te ama porque seas perfecto, exitoso o sin fallas. Él te
ama simplemente porque tú eres tú. Su amor es incondicional, eterno y
no cambia.
En el Antiguo Testamento, a menudo se describe a Dios como el
“protector del huérfano y de la viuda,” las personas más vulnerables y
desamparadas de la sociedad. Esto nos muestra Su naturaleza: Su
corazón se inclina hacia los que son más propensos a ser rechazados
por el mundo.
En el Nuevo Testamento, vemos esta verdad encarnada en Jesús. Él se
acercó a los marginados: a los publicanos, a las mujeres con mala
reputación, a los enfermos y a los leprosos. En un mundo que los
rechazaba, Jesús los acogió. Y en la cruz, Él experimentó el rechazo
máximo, para que nosotros nunca tuviéramos que experimentarlo de
forma permanente. Él cargó con nuestros pecados, que nos separaban
de Dios, para que pudiéramos ser reconciliados con Él.
No importa lo que te hayan dicho o lo que hayas creído. La verdad es
que tienes un lugar en el corazón de Dios. Él te ve, te valora y te ha
acogido en su familia.
Para reflexionar y orar:
- ¿Qué palabras o experiencias te han hecho sentir “desechado” u
olvidado? Nombra esas heridas en tu corazón. - Medita en la frase: “Yo te restauraré la salud”. ¿Qué significa para ti
saber que es Dios mismo quien tiene el poder y el deseo de
sanarte? - Dale gracias a Dios por su amor y su promesa de sanidad. Pídele
que su verdad reemplace las mentiras que has creído. - ¿De qué manera te ha afectado el rechazo en tu vida? Nombra la
herida. - Medita en esta verdad: “Dios no te rechaza.” ¿Qué significa para ti
esta afirmación? - Dale gracias a Dios por su amor incondicional y pídele que te
ayude a ver tu valor a través de Sus ojos, no a través de las
palabras de los demás.


